¿Quieres cargarte tu logotipo? ¡Juega con los colores!

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Entre gustos y eficiencia, sinceramente no hay color.

Si te ciñes al principio básico “dónde hay luz hay color”, te darás cuenta de que éste es un elemento que te acompaña desde que abres los ojos por la mañana: la leche es blanca; el zumo de naranja es, cómo no, naranja; y la mermelada de fresa, roja; hasta que apagas la luz para irte a dormir.

Foto: The Logo Company

 

El color tiene el poder de cambiar tu estado de ánimo, producirte sensaciones y ser protagonista activo en muchas de las experiencias de tu vida. El color te rodea, te envuelve, te impregna, te contagia, te seduce e incluso te distrae. La hierba que pisas es tan llamativamente verde que te ha hecho ignorar el cartel de ¡Prohibido pisar el césped!

Los diseñadores no podemos pasar por alto todo esto. Ignorar el potencial del color sería un error gravísimo. Sabemos que con él podemos transmitir mensajes y es una baza que juega a nuestro favor.

El refrán “para gustos los colores” no es válido en nuestro oficio, el color de una imagen de marca no puede regirse por el gusto personal del dueño de dicha marca, ni por el de nosotros los diseñadores, ni siquiera por el gusto de los clientes que comprarán el producto. ¿Por qué? Porque el color que escojamos será uno de los marcadores cognitivos más importantes de nuestra identidad, por que transmite mensajes, evoca recuerdos y atiende a una psicología que nos acompaña durante toda la vida, la misma psicología que nos dice que si la leche que echamos al vaso del desayuno es negra, no la podemos beber o no es leche.

Pongamos el hipotético caso de un abogado que nos encarga el diseño para la imagen corporativa de su bufete. Estudiamos su trayectoria, su sector y su público objetivo. Le presentamos un logotipo elegante y serio, uno de esos que ya querría para sí Baker & Mckenzie. Y él responde: – Me gusta, pero… ¿podéis poner el icono en color fucsia y el texto con un degradado en verde pistacho y caqui? Es que… son los colores que me gustan – ¿Qué hacemos los diseñadores civilizados ante esto? Cerramos los ojos, contamos hasta tres y le explicamos el párrafo anterior, haciéndole comprender que el refranero popular no es ‘impepinable’.

El color nos representa, refleja nuestra personalidad y, igual que nunca verás a un gótico vestido con tonos estridentes, tampoco te trasmitirá seguridad un abogado cuya tarjeta de visita parece un panfleto del Gran Circo Mundial.

En un buen diseño nada se deja al azar, todo está medido, estudiado. Después de un largo proceso de creación, de empaparse de información, conocer la empresa, producto o servicio al que se va a dar una imagen, el diseñador sabe qué colores utilizar para que la marca sea fiel a su filosofía y sus principios.

En definitiva, el color será una de las partes más importantes del mensaje que transmitamos y, guste o no, afectará a todos los involucrados en la cadena: emisor, medio y receptor. Sabiendo esto, yo prefiero que, guste o no, consiga el objetivo que persigue, ¿y tú?

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